¿Qué tienen en común el gas de la risa, la penicilina, los anestésicos y las leyes de la gravitación universal?
Aparentemente, poco o nada. Sin embargo, a todos estos descubrimientos se llegó por chiripa. En la historia de la ciencia existieron muchos descubrimientos que vieron la luz por mera casualidad.




¡Que se inunda el cuarto!
Hierón, rey de Siracusa, pidió a su pariente Arquímedes que investigara si la corona que acababa de hacerle un orfebre era realmente de oro puro o tenía mezcla con plata, cobre u otro metal menos valioso. El matemático se dio cuenta de que la duda real podría resolverse si pudiese determinar el volumen de la corona. Pero ¿cómo podía llevar a cabo ese cálculo? Mientras le daba vueltas al asunto, el sabio de Siracusa fue a darse un baño. Absorto en la corona, no se fijó en que había llenado la bañera más de la cuenta y, al meterse en ella, parte del agua salió. El griego no tardó en darse cuenta de que el volumen del agua sobrante era exactamente igual al ocupado por la parte de su cuerpo que estaba en el agua. Entonces vio una fórmula sencilla de calcular el volumen de la corona: sumergirla en un recipiente lleno de agua hasta el borde y medir el volumen de agua que desalojaba. Este sería igual al volumen de la corona. Eufórico por el descubrimiento, Arquímedes corrió a la calle desnudo y gritando "Eureka!", que en griego significa "Lo encontré!" Arquímedes aplicó a la corona su principio, que dice que todo cuerpo sumergido en un líquido es empujado hacia arriba con una fuerza igual al peso del líquido que desaloja. El rey, tras saber que el volumen era considerablemente mayor que el que hubiese tenido la corona de oro puro, mandó ejecutar al orfebre deshonesto.
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La fruta gravitacional.
Cuentan diversos autores de manera más o menos imaginativa que un día, estando tumbado a la sombra de un árbol, el joven Sir Isaac Newton vio caer una manzana. Fue entonces cuando le vino a la mente la noción de la gravitación. Sumido en un estado contemplativo, el físico pensó para sí mismo lo siguiente: "¿Por qué la manzana debe siempre descender perpendicularmente a la tierra? ¿Por qué no va hacia un lado o hacia arriba, sino constantemente hacia el centro de la tierra?" Estas y otras cuestiones similares lo llevaron a pensar que la misma fuerza que atraía a los objetos hacia el suelo era la que mantenía la Luna ligada a nuestro planeta. De esta forma, Newton formuló la ley de la gravitación universal, que viene a decir que todos los cuerpos se atraen con una fuerza proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de su distancia. No obstante, el físico no propuso completamente esta ley hasta que publicó su prestigiosa Principia, en 1687, unos veinte años después del incidente con la manzana.
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Gracias a una mosca.
Debido a su delicada salud, René Descartes pasaba mucho tiempo tumbado en la cama. En cierta ocasión, viendo volar una mosca en el dormitorio, se le ocurrió que era posible determinar en cada instante la posición del insecto. Para eso bastaba con conocer su distancia con respecto a dos superficies perpendiculares; la pared y el suelo. Excitado por la idea, Descartes dibujó en una hoja dos rectas perpendiculares; cualquier punto del folio, es decir, del plano, quedaba determinado por las dos distancias a los dos ejes. A estas distancias las llamó coordenadas del punto.
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No todo el mundo reza en misa.
Parece ser que un día, observando distraídamente en la iglesia las oscilaciones de una lámpara colgada en el techo, Galileo Galilei dedujo las leyes del movimiento pendular.
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¡Para morirse de risa!
Poco después de que Joseph Priestley descubriera el óxido nitroso, los científicos se dieron cuenta de que este gas no era tóxico, pero producía unos efectos insólitos cuando era inhalado: las personas se alteraban y se ponían a cantar, pelear y, sobre todo, reír. De ahí que fuese bautizado como gas hilarante. Este se puso de moda en las fiestas a uno y otro lado del Atlántico. En 1844 el profesor Gardner Colton organizó un espectáculo con óxido nitroso. Casualmente, en la atracción se hallaba un joven llamado Samuel Cooley y su amigo Horacio Wells, un dentista. Colton pidió voluntarios para inhalar el gas. Cooley no se lo pensó dos veces. Después de aspirarlo, el joven se puso violento, provocó una pelea y cayó accidentalmente. El golpe lo calmó y se sentó tranquilamente junto a Wells. Al cabo de un rato, este notó un charco de sangre debajo de la silla de su amigo. Al seguir el rastro, descubrió que venía de un corte profundo en la pierna de Cooley. El dentista después se dió cuenta del significado del suceso; poco después, llamó a un colega de profesión y le pidió que le sacara una muela picada bajo los efectos del gas de la risa. La carrera hacia los anestésicos daba su pistoletazo de salida.M
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Informática divina.
El matemático alemán Gottfriend W. Leibnitz inventó el sistema binario usado hoy en día en los ordenadores. Leibnitz vió en este sistema la imagen de la Creación. Imaginó que la unidad 1 representaba a Dios y el 0 la nada.
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Una mancha que come las bacterias.
En 1928, una placa de cultivo donde Alexander Fleming observaba el crecimiento de las bacterias se contaminó por accidente con esporas del moho Penicillium notatum. Estas quizás llegaron hasta allí flotando por el aire desde el laboratorio existente en los pisos inferiores del hospital Santa María de Londres, donde científicos investigaban alergias realizando experimentos con estos hongos microscópicos. Probablemente, Fleming dejó en la mesa de trabajo un cultivo de bacterias, en una habitación carente de calefacción, mientras pasaba unas vacaciones de tres semanas. La temperatura en el recinto era lo suficientemente fría como para permitir el crecimiento del moho y, al mismo tiempo, lo suficientemente caliente como para hacer crecer la bacteria. A su vuelta, Fleming observó que los agentes bacterianos que se hallaban cerca del moho habían muerto. Evidentemente, una potente substancia antibiótica, que él llamó penicilina, se había ido extendiendo desde el moho.
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Encontrarás estas y muchas más anécdotas aquí:
Fuente: "¡Qué divertida es la ciencia! Anécdotas, chistes, citas, manías, desatinos y patinazos de los científicos." (2002). Suplemento del número 249 de la revista MUY INTERESANTE, correspondiente a febrero de 2002.